
No sé si habrá varios supersticiosos leyendo este post, pero si los hay, quizás entiendan por qué demoré tanto en preparar el diseño nuevo cuando empecé a armarlo pasada la mitad tarde del día de ayer.
Lo cierto es que el primer indicio de que hoy iba a ser un día terriblemente salado fue la caída del viejo hosting pasadas las 12 de la noche, momento en el cual estaba casi terminando con todo lo que a simple vista podía traerme problemas. En ese instante, como si estuviese planificado, el alojamiento decidió pararme el carro y dejarme sin blog y sin edición.
Hoy me levanté con el mismo panorama, a lo que se sumó problemas con la columna que por suerte KnxDT pudo cocinar en 18 segundos, y luego sobrevino su clase de maquetación que me ayudó a enterarme que el diseño original hacía aguas por todos lados. Mientras tanto, yo seguía mi eterna lucha con la migración de hosting, algo que me llevó su tiempo a causa de una eterna demora en la propagación de los dns y mi falta de acceso vía FTP.

